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La responsabilidad social que defienden las empresas destinadas al juego de azar, va dirigida a generar en la comunidad una cultura sana del juego

A desarrollar una industria del entretenimiento destinadas al sano esparcimiento, a facilitar a los potenciales clientes el aprendizaje en la detección de los riesgos de participar en los juegos de azar sin la debida responsabilidad, a comunicar debidamente a los clientes las verdaderas características del juego en la vida de las personas, y a comunicar a la población que no todas las personas están en riesgo de convertirse en adictos, ya que la ludopatía se presenta en porcentajes muy bajos teniendo en cuenta al conjunto de la sociedad, ya que ésta suele ir asociada a otros trastornos de la personalidad.

La industria del juego, por tanto, se ha comprometido con el juego responsable, en otras palabras, está llevando una gestión responsable del juego, teniendo como objetivo la promoción del juego, pero minimizando el daño entre los consumidores. Todo esto pasaría por diseñar un entorno de juego no adictivo, proteger a los menores y a las personas en riesgo, identificando a los jugadores problemáticos para tratarlos adecuadamente y poder derivarlos a los recursos asistenciales adecuados.

En referencia al entorno de juego no adictivo, los objetivos serían restringir el número de lugares de juego, fijar límites a las apuestas, establecer una demora en el cobro de los premios para evitar los calentones, controlar el consumo abusivo de alcohol y publicitar el juego responsable y los lugares destinados al tratamiento del juego patológico.

Para proteger a los menores y a las personas vulnerables, pasaría por verificar la edad y establecer una posibilidad de autoexclusión, evitando una publicidad de forma engañosa o que esté orientada a los jóvenes.

Para la identificación de los jugadores problemáticos, se requiere la formación especializada de los empleados de los lugares de juego o de las casas de apuestas. Asimismo, es fundamental que el personal de los lugares de juego adopte un papel proactivo en la identificación de los jugadores problemáticos en función de la frecuencia de las visitas, gastos de dinero, conductas antisociales, reacciones emocionales negativas, etc., y derivarlos a los recursos asistenciales, y no tener un papel meramente reactivo, que sería cuando reaccionan ante un incidente que ya ha surgido.

Para ampliar este tema, podéis visitar una serie de artículos en nuestra web sobre ludopatía.