El plazo acaba y la desconfianza arrincona a Veremonte y BCN World

El plazo acaba y la desconfianza arrincona a Veremonte y BCN World

Publicado el 03/12/14 - por Óscar F. Civieta

Con cuatro meses de retraso, la empresa de Bañuelos entregó la documentación para optar a las licencias. En siete días tiene que pagar 377 millones de euros.

 

El macrocomplejo del juego Barcelona World está condenado a deambular por la sombra de la duda y la desconfianza. Han pasado ya dos años y medio desde que su nombre surgiera por primera vez, y cada vez se vislumbra más lejano el momento de poner la primera piedra. El pasado 26 de noviembre, Veremonte, principal candidato a hacerse con las licencias, entregó la documentación necesaria para optar a ellas. Lo hizo a solo dos días de que se acabara el plazo y con cuatro meses de retraso. La próxima fecha límite es el 10 de diciembre. Siete días, por tanto, tiene la empresa de Enrique Bañuelos para abonar 377 millones de euros.

Los casi 380 millones de euros que tiene que pagar Veremonte servirán para comprar los terrenos en los que, teóricamente, se construirá en el futuro (quizás muy, muy lejano) Barcelona World. Tras la entrega de la documentación, concretamente el 27 de noviembre, el Diari Oficial de la Generalitat de Catalunya (DOGC) publicó el nombre de las cuatro empresas que, finalmente, podrán hacerse con los permisos pertinentes: Veremonte y Melco; Veremonte y Hard Rock; Grup Peralada y Melco.

En un principio parecía que la apuesta de la empresa que preside Bañuelos por erigir el macrocomplejo era absolutamente seria y contaba con las bases necesarias, tanto económicas como de apoyos empresariales. Sin embargo, el retraso en el cumplimiento de algunos plazos comenzó a sembrar de dudas el futuro del proyecto.

En el pasado mes de julio, Veremonte llegó a un acuerdo con La Caixa para postergar durante tres meses (finalmente fue hasta el 10 de diciembre comentado) la compra de los terrenos. Han pasado cinco meses, queda una semana para que termine el plazo, y el dinero sigue sin aparecer.

Por si la cercanía de la fecha límite fuera poco para alimentar la incertidumbre, el conseller de Empresa i Ocupació de la Generalitat, Felip Puig, se desmarcó la semana pasada con unas declaraciones que no ayudan, precisamente, a aumentar la confianza en Veremonte. Barcelona World saldrá adelante se implique, o no, Bañuelos, dijo.

Ya se avanza en el Pla Director Urbanístic

Aunque no está, ni muchísimo menos, claro que finalmente se ponga encima de la mesa el dinero necesario para la compra de los terrenos, de manera paralela se va avanzando en la redacción del Pla Director Urbanístic (PDU). Como no podía ser de otra manera, este también se pergeña con un halo de polémica en derredor.

Apunta esta controversia a la más que posible inclusión en el proyecto de la construcción de mil viviendas. Algo que, en ningún momento, se había contemplado y que, incluso, desde el Govern y el Partido Socialista de Catalunya (PSC) negaron en varias ocasiones. Los promotores del proyecto, empero, sí admitieron que era muy probable que se incluyera este millar de hogares.

ICV pide revertir las rebajas de impuestos

La desconfianza ya ha llegado (quizás nunca se haya ido) también al Parlament. Allí, la diputada de Iniciativa per Catalunya Verds – Esquerra Unida i Alternativa (ICV-EUiA) por Tarragona, Hortènsia Grau, reclamó que se anularan las modificaciones normativas que generaron una rebaja de impuestos a los casinos. Medida que, aunque se negara este extremo, es obvio que se tomó por el advenimiento de Barcelona World.

La coordinadora nacional de la misma coalición, Dolors Carnats, aseguró que si finalmente no se abona la cantidad requerida, y se conservan las medidas, lo lógico sería pensar que la rebaja fiscal era el verdadero objetivo y nunca la creación de empleos, como desde un primer momento se ha vendido desde las altas instancias gubernamentales.

Un capítulo más, el enésimo, del culebrón de Barcelona World. Los próximos episodios deberían comenzar a aclarar el desenlace, de lo contrario, sería natural que las críticas volvieran a arreciar con fuerza. Incluso en la calle, donde los ciudadanos se hastiaron de protestar. Normal.